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martes, 1 de mayo de 2012

Una historia diferente.


Hoy me ha dado el punto feminista y aunque muchos de vosotros ya la conoceréis, os voy a contar Una historia sobre Eva y el Paraíso.....

En el Paraíso, un día Eva llamó a Dios:
-Tengo un problema.
-¿Cuál es el problema, Eva?
-Sé que me has creado, que me has dado este hermoso jardín, maravillosos animales y la serpiente con la que me muero de risa, pero no soy del todo feliz....
-¿Cómo es eso, Eva?
-Me encuentro sola y además estoy harta de comer manzanas.
-Eva, en tal caso, tengo una solución. Crearé un hombre para ti.
-¿Qué es un hombre?
-Un hombre será una criatura imperfecta, con muchas artimañas, hará trampas, será engreído....., vamos que te va a dar problemas... Pero va a ser más fuerte y rápido que tú y le gustará cazar y matar cosas. Tendrá un aspecto simple, pero como te estás quejando, le crearé de tal forma que satisfaga tus necesidades. Tampoco será muy listo y destacará en cosas infantiles, como pegarse y dar patadas a un balón. Necesitará tu consejo siempre para actuar cuerdamente.
-Suena bien- dijo Eva mientras levantaba la ceja irónicamente.
-¿Cuál es el truco?
-Tendrás una condición. Como será arrogante y narcisista, deberás hacerle creer que le hice primero. Recuerda, es nuestro secreto......., de mujer a mujer.

(Desde el cariño y sin acritud :p)

martes, 18 de enero de 2011

El bambú

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego.
También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. 
En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. 
Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30metros! 
¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. 
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. 
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.
Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. 
De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.  
En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos, ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, si está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.  
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.  
Tiempo... Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en el mundo  en el que vivimos...  
Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación. Si no consigues lo que deseas, no desesperes... quizá solo estés echando raíces....